Luchar humano es

KILLER FILM, EL CRÍTICO ENMASCARADO, SOBRE CINE Y LUCHA LIBRE. INVITADO ESPECIAL DE ECUADOR BAJO TIERRA 3. ENTREVISTA DE GABRIELA PAZ Y MIÑO PARA KMOCHOYMEDIO. (Foto: cortesía de Killer Film)

¿La lucha libre es un deporte, un espectáculo, una industria?
Sería las tres cosas a la vez y más, yo diría que también es una cultura y además puede ser para algunos un estilo de vida con una filosofía profunda. Pero también puede ser una industria cultural como en México, EUA y Japón. La fuerza principal de esta industria son atletas, deportistas, gente preparada, casi nacida para dedicar su vida a esta disciplina que mezcla el deporte y el espectáculo, la crudeza de los golpes envuelta con el bálsamo del aplauso. Los luchadores profesionales no son lo únicos que la mantienen viva, están sus maestros, entrenadores, ‘manejadores’, promotores, referís, anunciadores, vendedores, concesionarios, artesanos, fabricantes de máscaras, de calzado y equipos profesionales para luchar, taquilleros y en el caso de algunas arenas todavía hay acomodadores como en las salas de cine de antes; fotógrafos, camarógrafos, edecanes, gente de seguridad, ingenieros de audio y video, comunicadores, dueños de canales de televisión, administradores, historiadores, periodistas, en fin, toda una sociedad del espectáculo deportivo que al fortalecer sus circuitos y desatar varios fenómenos culturales  a lo largo de los años –como el cine, las historietas y las transmisiones por tv –  fue apropiada como parte de la identidad del mexicano contemporáneo.  Se entrelaza con actos de carácter simbólico, bélico, festivo, para mostrar la fuerza y la destreza, como sucedió con las “guerras floridas” de los Aztecas, y como sucedió con casi todas las civilizaciones antiguas que tuvieron alguna expresión del combate entre gladiadores. Como errar, luchar humano es.

¿Cómo nació la lucha libre y cómo se propagó?
Se considera 1933 el año en que se estableció la lucha libre profesional en México, cuando abrió sus puertas la Arena México para dar sus primeras funciones de lucha en una remodelada ex arena de box (la Arena Modelo). No fueron nada fáciles los primeros años para el equipo de socios encabezados por Salvador Lutteroth González. Establecieron una asociación de luchas basada en el los modelos que existían en el wrestling de EUA e Inglaterra o para ofrecer el catch en Europa, principalmente en Francia. Los luchadores amateurs mexicanos fueron incorporados poco a poco al profesionalismo. La lucha estelar del día inaugural causó una conmoción enorme. En ella se enfrentaron uno de los pocos luchadores mexicanos de entonces, formado en EUA, el sonorense Yaqui Joe contra el norteamericano Bobby Sampson en duelo que exacerbaba el nacionalismo. Los luchadores profesionales cabezas de cartel era traídos principalmente vía EUA y eran no solo gringos sino también españoles, italianos, japoneses, irlandeses y franceses. Habían ido a México durante las primeras décadas del Siglo XX, en plena Revolución, a presentarse en carpas, circos y teatros como el Tívoli y el Teatro Arbeu. Muy pocos de aquellos luchadores se quedaron en México o tuvieron estancias menos esporádicas como fue el caso del hawaiano Chino Achiú o los franceses Planchet y Constant Le Marin, que legaron sus técnicas sembrando esa semilla que germinó con el tiempo.

Si bien México es considerado como epicentro de la lucha en América Latina, cada país ha tenido su propio devenir. Brasil y Argentina tienen una historia muy independiente con su lucha libre y hoy está casi  extinta. En la lucha olímpica y grecorromana está la semilla de la cultura de la lucha en cada país. Pero por otro lado la lucha libre mexicana devino en una cultura global, extendida sobre todo por sus películas. En Ecuador por ejemplo, se filmó en coproducción con México la película Santo y Evaristo contra los Secuestradores (Federico Curiel, 1973) .

¿Cómo se dio esta relación lucha libre cine?
Uno de los vestigios más antiguos que he encontrado es un corto de Geórges Méliès, Nouvelles luttes extravageants (1900). Dos  luchadores de catch, se desmembran y vuelven a unir y también se transforman en luchadores. Existe otro material de 1903 titulado Catch-as-catch-can wrestling de la American Biograph, con dos luchadores, un referí y un fondo con público pintado. Hay otro material de casi cuatro minutos de la función de lucha olímpica de exhibición del New York Athletic Club en 1905 (https://www.youtube.com/watch?v=bIGCTyUchaY y https://www.youtube.com/watch?v=m29kosKl6VE). La lucha también llegó Méxixo a través del cinematógrafo, como muestra el cartel realizado por el grabador José Guadalupe Posada para la función ofrecida en el Teatro Guillermo Prieto el 16 de mayo de 1909, que anunciaba la proyección de una película de 30 minutos que registraba trece asaltos entre los luchadores Fitzimons y O’Brien.

Las primeras escenas de lucha libre aparecieron como secuencias dentro de filmes de otras temáticas. ¿Cuándo nacieron las primeras cintas con tramas totalmente dedicadas a la lucha libre?
En 1952 con el rodaje de cuatro películas de tonos distintos: el realismo melodramático de La bestia magnífica de Chano Urueta y Huracán Ramírez de Joelito Rodríguez;  una comedia con el Luchador Fenómeno del director puertoriqueño Fernando Cortés; y una película de corte fantastico y de aventuras, El Enmascarado de Plata, protagonizada no por El Santo sino por el Médico Asesino, el hecho de que de pronto en un solo año se hayan realizado las primeras películas con esta temática es una muestra del impacto que este deporte espectáculo estaba tenía socialmente en esos años en que también llegó a las historietas y la televisión.

Desde La bestia magnífica (1952)  ¿de qué manera evolucionó la estética de las películas de este género?
Su principal característica es precisamente su diversidad. El cine de luchadores no terminó siendo una especie de documental deportivo. Curiosamente no quedó ni un solo documental de aquella época –ni de esta- sobre alguno de los luchadores más célebres: El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, cavernario Galindo, Murciélago Velázquez, Médico Asesino por mencionar algunos. Lo que sí pasó es que ese cine probó por largos años esa adaptabilidad de sus protagonistas a todo tipo de aventuras, escenarios y contrincantes, es decir a todo tipo de género: horror, aventuras policiacas, comedia, drama, aventura selváticas, ficción y fantasía y lo que se le pusiera enfrente. Desde aquel final de la década de los setenta y hasta finales de los noventa este género tuvo un declive y en muchas partes del mundo algunas de sus piezas se sumaron a esa categoría llamada cine de culto. En los tres lustros que van del Siglo XXI, aquel pastiche fílmico es hoy apreciado en muchos lugares como Trash de luxe, perdura y cuenta con nuevas expresiones a través de la televisión, el documental, la animación, el cortometraje y Internet. El cine de luchadores ha muerto, viva el cine de luchadores.

Algunos personajes del mundo de la lucha libre, como el Santo, pasaron de la pantalla grande al cómic. Normalmente la evolución es al revés.
El Santo pasó en salto mortal del mundo de la lucha libre a las páginas gracias a que en 1951 comenzó a editarse su hoy codiciado fotocollage Santo, el enmascarado de plata ¡Una revista atómica! 

Huracán Ramírez tuvo en los sesenta una historieta con la técnica del fotocollage y a la par realizó algunas películas. Huracán Ramírez no solo pasó de la pantalla grande al cómic, si no de la pantalla a la vida real, pues ante el éxito de esa película los promotores decidieron presentarlo en los rings de la vida real, personificado primero por el luchador español Eduardo Bonada quien lo interpretó originalmente en el filme y después por Daniel García, el ex Buitre Blanco o Chico García, quien le dio vida hasta los años ochenta. El personaje y sus derechos pertenecen hasta la fecha a los herederos de la familia de cineastas Rodríguez y sigue siendo interpretado por luchadores profesionales. Blue Demon también tuvo un cómic ya en los años ochenta (muchos de sus episodios se basaron en La Odisea). Otro caso es Tinieblas, el capitán aventura,  que ha tenido apariciones en varios proyectos de cómic después de su aparición en la pantalla grande.

¿Cómo es el cine de lucha libre actualmente?
Sobre todo hay cortometrajes, documentales y vídeo arte, representaciones más sutiles y poéticas como el documental Príncipe azteca (2011) de A. Fernández en donde la lucha libre solo es pretexto para hablar de otra lucha, la social, y el obscuro capítulo de la matanza de Acteal en Chiapas durante el gobierno de Ernesto Zedillo. Los documentales sobre los luchadores exóticos (muchos de ellos reivindicando su preferencia homosexual) parecen ya haberse convertido en un subgénero dentro del género, en el que destacan Máximo (2006) de Raúl Cuesta, Flores en el ring de Patricia Martínez (2006) y los de Michael Ramos-Araizaga: Cassandro el exótico (2010) y Los exóticos (2013). Tal vez la mejor comedia del género, correspondiente a la tragicomedia es el cortometraje Santo contra los burócratas (2006) de Víctor Hernández.

En el vídeo arte se han refrescado las miradas hacia la lucha libre Destacan los 6 vídeos de Carlos Amorales, editados a partir de las grabaciones de sus performances con luchadores mexicanos presentados en algunos de los museos más importantes del mundo (Zürich Museum, Georges Pompidu, Tate Galery)  entre 1999 y 2003, y más recientemente los films del luchador y artista norteamericano Charles Fairbanks, dos de ellos filmados en México: Irma (2010) y Flexing muscles (2012). Otro que debo mencionar es el neoyorquino Shaun Leonardo, El conquistador, otro atleta-artista que también con videos como El Conquistador contra Sangre azteca (2008) y al pintor Demián Flores que (en mancuerna conmigo) realizó Versus (2005); un conglomerado de videoclips protagonizados por el Hijo del Santo y Blue Panther; y Sangre contra Sangre (2011). Estos vídeos se han presentado también en algunas exposiciones, festivales de cine y han sido adquiridos para colecciones de vídeo arte.

Tu película Arena Azteca Budokán retrata a la dinastía Moreno, una familia de lucha mexicana que construyó una arena en la ciudad de Nezahualcóyotl, y cuyas mujeres llegaron a pelear en Japón. Has dicho que el acercamiento se hizo con “el afecto y la cercanía de la videografía casera”. ¿Cómo conociste  a esta familia?
Los conocí viéndolos luchar. Primero me acerqué a El Oriental, que quedó al frente de la familia al morir su padre. Luego fui acercándome a la madre y a las hermanas. Al entrar a la arena te encanta el hecho de que las casas de los hermanos Moreno conforman la arena, sus cuartos, cocinas, comedores, salas, puertas y ventanas, se aprecian desde el interior. Cuando hay lucha a veces se ven siluetas en las ventanas, viendo desde ahí los combates. Es un espacio multifuncional en donde a diario se dan clases de box, lucha, hay un gimnasio, pesas, en fin, también me cautivó como lugar público. Fue difícil ir ganando su confianza para poder filmarlos sobre todo de la manera más natural y cercana a su cotidianidad, sin cosas preparadas y en la medida de lo posible acercarse a los momentos más íntimos del lugar y como familia. Fui durante un par de años a grabar en diferentes momentos. Produje primero cuatro videoclips que se exhibieron en la exposición de Citámbulos, un colectivo que realizó una exposición en el Centro de Arquitectura de Berlín y otra en el Museo Nacional de Antropología en México, en forma de instalación. Pero no quedé conforme con eso sino más bien inquieto, el material daba para un documental. Por trabajo dejé y retomé varias veces el proyecto inconcluso, regresaba, filmaba, los niños habían crecido, el lugar cambiaba, así que sin auto y sin equipo profesional, se dio todo para hacer un tipo de film “guerrilla style” o “my house productions”. Creo que sí logré retratar esa intimidad acuñada con el tiempo y el mismo proceso de construcción del documental es como el de la arena-hogar mismo, una construcción constante.

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